RECORDANDO A MI COMPAÑERO MUSIU, QUIEN ME ENSEÑO MUCHO A CULTIVAR MI ESPIRITU
Carlos Mora Vanegas
Si planta una semilla de amistad, recogerá un ramo de felicidad. Lois L. Kaufman
La vida siempre nos deparara sorpresas mientras se nos permite estar en este plano, en donde cada día se nos presentan cosas nuevas, muchas con grandes alegría, tristezas, como pruebas que debemos afrontar, saberlas enfrentar, aprender, más, cuando de ello se puede alimentar. Cultivar nuestro espíritu en pro de nuestra elevación, crecimiento espiritual
En esta oportunidad ha venido a mi memoria, algunos recuerdos que fueron muy determinantes en mi aprendizaje, en mi crecimiento y sobre todo en apreciar la grandeza de lo que representa el cariño, el apego, la fidelidad, el sufrimiento, el saber compartir y saber que tienes un amigo siempre dispuesto a cuidarte, dar su vida si es necesario .
Lo interesante es, que se trata de un animal, un perro pastor alemán a quien se le llamó Musiú, un hermoso perro que cuando lo conocí y me integré a él a penas tenías cuatro años, de buen tamaño, bien desarrollado, con una hermosa corpulencia, de color amarillo , de casta, aguerrido como todos los pastores. Para ese entonces ya tenía su compañera cuyo nombre era Wichita y tres pequeños cachorros ,todos pastores .
Al comienzo, no se me acercaba mucho, pues no me conocía, vivía para ese entonces fuera de la ciudad en una montaña y los guardianes de la casa eran justamente la pareja: perro y perra, quienes de noche se les soltaba para que merodearan la casa no solo de intrusos, ladrones, sino de animales.
Al poco tiempo de estar ya en la casa, todas las tardes bajaba al sótano y me dedicaba a la lectura y a mis ejercicio de meditación, salía al patio que era muy confortable cubierto de robles, algunas palmeras. Lo hacía solo, me quedaba un tiempo afuera, algunas veces la perra me seguía, pero se devolvía pronto a cuidar a sus cachorros.
Un día, me propuse hacerme amigo del perro, conquistarlo y que se acercase a mí, confieso que me costó, lograrlo, no obstante, poco a poco, lo fui conquistando, ofreciéndole comida y tratándolo dulcemente.
Un día. me demostró su afecto, aceptación a mi compañía y cuando bajaba al sótano a leer, arrecostarme en una hamaca, se sentaba a la salida de la puesta que daba al patio. Ello me llamó mucho la atención y empecé acercármele más, a que se ganara mi confianza y comencé a llamarlo y noté como se me acercaba, muchas veces como muestra de cariño se paraba en dos patas y con las otras dos, me daba saludos en mi pecho, muchas veces me tumbó, y empezó a estar más cerca de mí.
Su compañera Wichita iba a curiosear lo que musiu hacía, este le ladraba y se iba, lo mismo los cachorros, simplemente me quedaba a con él y se retiraba cuando subía al segundo piso de la casa, o al primero y se ponía a jugar con sus cachorros, Cuando llegaba la hora de dormir se iba al lado de la ventana en donde dormía, ladraba fuertemente hasta que le decía que se callara que estaba todo bien.
Así empezó nuestra amistad, cuando salía a meditar debajo de un roble me seguía y me cuidaba como un guardián, respetaba mi silencio, a veces me concentraba mucho en mis meditaciones y al notar que no me movía se acercaba y me acariciaba, como si me diese ensalmes, pases y lo que más me llamaba la atención ,eran dos cosas que me dieron mucho que meditar m especialmente , el porqué de su comportamiento. Una de ellas es que cuando lo acariciaba después de haberme diríamos ensalmado , acariciado con su lengua, daba saltos y vueltas en el aire, cayendo al piso y sacudiéndose algo, como si se hubiese contaminado de una fuerza extraña. La otra ,es que cuando estaba en ese nivel de meditación no dejaba que nadie se me acercara, cuando la perra iba a esos lados le ladraba y hacía que se retirara
Cuando sentía un ruido extraño se ponía muy inquieto, ladraba y daba mucha vueltas alrededor de mi, como avisándome de algo.
Me impresionó mucho como respetaba mi silencio y se quedaba quieto, más cuando algunas veces evocaba algunos mantras hindúes que para ese entonces yo repetía.
Una sola vez ,me impresionó que un determinado mantra que cantaba, a él le producía un efecto especial porque en vez de ladrar, aullaba.
Nuestra amistad se fue incrementando , se me olvidaba decir, que nuestras casa estaba en lo más alto del paseo del Café, una montaña alta en donde había un río que se llena de bastante agua en invierno y algunos turistas suben a la montaña a bañarse en él, a pesar de lo peligroso del acceso . Muchas veces lo recorrimos él y yo, en una oportunidad me caí, me afecte una pierna y no podía levantarme, sin embargo el musiu se agacho para que me apoyara en su lomo, me parara y poco a poco me fue conduciendo a casa, nunca se me olvida la manera como me ayudó y me limpio las heridas con su lengua.
Yo trabajaba en la Universidad que estaba a 25 minutos de la casa, pero se debía bajar con mucha precaución por las curvas para poder tomar la carretera y vía que me llevase a ella. Algunas veces me seguía hasta abajo, pero por lo peligroso y cansado del trayecto se le convenció que no lo hiciera, sin embargo, a las 11 de la noche cuando yo regresaba de mis labores para subir a la casa, el ya estaba esperándome abajo y me seguía hasta que llegaba arriba.
Lo que nunca podré olvidar de esta alianza, esta fraternidad, de este compañero que siempre lo tengo en mi memoria, fue un accidente que sufrí arriba, cuando, se me solicito que prestara mi carro para hacer una diligencia. Eran como las seis de la mañana. El perro empezó a ladrar como a las 5 am y me desperté, lo hice callar, sin embargo siguió ladrando.
Me pidieron prestado el carro, algo internamente me decía que no hiciera, más los aullidos del perro. Pero para evitar conflictos, confieso que de mala gana di mis llaves, me la devolvieron porque decían que el carro no encendía, que se había echado a perder la alarma.
Me levante, fui a verlo y cuando me monté para encenderlo, este arranco y el carro se cayó en el barranco conmigo adentro, afortunadamente una pared de la casa, la del sótano, hizo que el carro se detuviera, se quebraran todos los vidrios y no cayera al fondo, porque entonces no estaría narrando lo que en este momento hago.
Lo interesante de todo ello es, que nadie le preocupo lo que me pasó, sin embargo, al chocar el carro con la pared ,de inmediato Musiu corrió a él , con sus dientes, me saco de éste y empezó a limpiarme la sangre de las heridas de mis brazos.
Lo que más lamento desde luego , la pérdida de mi compañero, quien fue un amigo fiel, noble, fue cuando le llego la despedida con su muerte; de repente se empezó a enfermar sey casi no podía caminar , se arrastraba, tenía serios problemas en su estomago y se le llevo al veterinario que diagnosticó su gravedad , recomendando que lo mejor era su sacrificio.
Se le dijo al veterinario que se le iba llevar unos días a casa a ver si se recuperaba algo. Todos los días lo cuidaba , conversaba con él, me quedaba viendo con una mirada muy triste como advirtiéndome que pronto se iría, confieso que su sufrimientos, su tristeza, la fortaleza de ese hermoso y bravo perro ya no existía.
Un día, tenía un compromiso de hacer un viaje lejos de la ciudad y en la casa decidieron ese día llevarlo al médico para sacrificarlo, No lo volví a ver jamás, pero confieso que su desaparición, su muerte me causo mucho sufrimiento, un pesar que jamás había sentido por un ser especial, Ello me afectó mucho, me encerré , hasta el extremos de dejar la casa e ir a vivir a un apartamento a la ciudad.
Definitivamente, amigo, compañero como ese, no lo he encontrado jamás, incondicional ,servicial, fiel, cariñoso, alguien especial , que a pesar de pertenecer al reino animal sus actitudes, comportamiento eran de una persona humana ,que me hizo comprender lo que la amistad representa, lo importante de cultivarla , apreciarla y saberla disfrutar….
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